



Sí, categóricamente, cada vez que abro un periódico, ya sea palpable o virtual, busco a los y las articulistas, leo sus titulares y dependiendo de ese primer grito leo o no sus textos, por supuesto que hay excepciones, son las que dicta el corazón, o la inteligencia lo que me lleva a seguir sus avatares donde quiera que estén publicando.
Pero, ¿por qué sigo buscándolos? No sabría contestar certeramente a ese interrogante, a veces lo hago por hastío ante tanta información mediática, otras porque me parece que me hablan directamente a mi, haciéndome sentir que tengo el privilegio de ser su confidente respecto a un tema, y también, a veces, porque me plantan frente a una realidad, que aunque ya conozco, la veo desde otro ángulo y logran sorprenderme.
El imperio de la información no ha podido doblegar a los y las articulistas, precisamente porque gestaron un universo paralelo entre lector y columnista, que sigue vigente y al parecer goza de excelente salud, a la cual ha contribuido enormemente internet ya que permite establecer vínculos mediante una interacción más rápida efectiva; sin embargo estos vínculos están llamados a reorganizarse y a adaptarse a la nueva configuración de los medios de comunicación lo que podría afectar a su permanencia en las formas que actualmente adoptan, sin embargo, aquellos factores que han sido determinantes durante toda la historia del articulismo continúan vigentes: el goce de la expresión literaria, que es compartido por quienes escriben y los que leen, por una parte; por otra, la necesidad que tienen aquellos de hacerse presentes ante un público masivo y, sobre todo, la fuerza intrínseca que les ha hecho estar presentes y actuantes en la prensa durante siglos, difícilmente se puede diluir. Todo ello tiene que pesar de forma decisiva en la continuidad, que lógicamente desearíamos para siempre.
Para concluir creo que su magia consiste en no tratar un tema en concreto, no contar una noticia al estilo de los periodistas profesionales y mucho menos expresar sus opiniones como si fuesen sentencias inapelables y sin embargo, logran contagiarnos del espíritu de las cosas que nos cuentan, del clima especifico, de la luz que ilumina un hecho o la tibieza de un recuerdo. Qué importa si cuando empiezan un artículo hablan de las manchas de humedad en una escalera, o la soledad, la lluvia o la búsqueda eterna a que estamos condenados, eso es lo de menos, lo importante es que nos abstraen del presente, nos iluminan retazos desconocidos de la realidad, nos alteran el ritmo cardíaco y sobre todo, cambian cada semana de tema.


Comentarios
jogafi
13 Enero de 2013
11:43 am
Lady, todos seguimos buscando esos "articulistas" que se salgan del molde impuesto por un sistema y un medio completamente viciado por el poder y las conveniencias, y contad@s aquell@s que son verdaderamente independientes y objetivos.
Saludo Cordial.
ladypapa
13 Enero de 2013
12:40 pm
Es verdad, si no fuera por ellos, algunos periódicos perderían buenos lectores y gracias a ellos, se disfruta de la información.
ESCRIBANO13
13 Enero de 2013
9:58 am
A lo mejor "sufres" de informatofília - y eso es bueno -, previniéndote caer paranóicamente en la informatofóbia, lo cual irremediablemente te llevaría al caos.¿Qué mejor el bañarse todos los días con el champú de las letras?
Feliz Domingo
Saludos
ladypapa
13 Enero de 2013
12:38 pm
Si señor!!!!