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18 de Mayo de 2013
8 Julio de 2012 | Noticias | (Francia)

La relatividad de la verdad verdadera y de las palabras

La relatividad de la verdad verdadera y de las palabras
Foto:Photoquai 2011, Julian Cisneros, serie Paramilitares /MH Escalante

Fascismo y democracia son términos que pueden volverse acomodaticios. Pueden servir para catalogar con rapidez cualquier autoridad o gobierno. Son palabras que se pueden convertir en expresiones para encajar en ellas conceptos varios, sin establecer diferencias, ordenamiento ni clasificación.

Fascista puede llamársele al policía que pide los papeles en la calle, al que prohíbe atravesar una plaza, al que nos levanta barreras en los aeropuertos, a los que dan palizas a los manifestantes cuando tiran piedra. Fascistas son los militares que torturan y en regímenes dictatoriales fascista es el dictador en primer lugar. 

La palabra democracia suele anteponerse a todo cuanto debe ir en el sentido de nuestros derechos, que éstos vengan del Estado, del patrón, de la institución que nos forma, o de nuestro propio hogar. Se suele invocar con mayor ahínco cuando sentimos que se nos violan o se nos niegan. En ese caso solemos decir “es una falta de democracia”. 

Hace poco utilicé el término fascista para referirme al estilo editorial del ex ministro Fernando Londoño en su ‘La Hora de la verdad” en Radio Súper. Utilizar la palabra fascista de forma verbal puede resultar coloquial. En lenguaje escrito toma otra connotación, probablemente más grave, no en el sentido de la gravedad sino de la pertinencia.

Gracias o por culpa de Benito Mussolini la palabra fascismo entró en el vocabulario de las ciencias políticas. Mussolini creó un partido único, El Partido Nacional Fascista, de corte autoritario, controlaba todos los poderes en Italia, incluído y en primer lugar el de la palabra, salvo el de la iglesia católica, que de hecho Mussolini no tenía necesidad de someter puesto que ésta era uno de sus principales pilares. Mussolini impuso el miedo, a través de la venganza política, que era para él la muerte, contra quienes contradijeran o se opusieran a la concentración de su poder. 

En el caso de los editoriales de Fernando Londoño, utilicé la palabra fascista para  referirme a ellos porque, desde mi fuero de ciudadana, observo que transmiten un tipo de dictadura de la palabra. Yo, percibo al ex ministro como un concentrador de la verdad, como un promotor de un pensamiento único, un político que se siente libre de opinar todas las semanas por las ondas radiales, opinar sobre lo divino y lo humano, sin contrincante ni opositor capaz de enfrentársele para establecer con él un intercambio de ideas que puedan abrir un espacio al debate constructivo, en el sentido estricto del ejercicio de la democracia.

Fascista era mi profesora de química. Aún tengo su imagen de autoridad mandona, furiosa ante sus mejores alumnas, indulgente ante las peores y las más serviles. En esos años no conocía la palabra fascista. Yo describía simplemente a mi profesora como autoritaria. Hubo necesidad de que instalara mi casa en un país en donde se habla de fascismo todo el tiempo, para que terminara familiarizándome con ese término. Ahora pienso que mi profesora de química era una especie de dictadora fascista. 

Por eso no puedo evitar de pensar que los editoriales de Fernando Londoño tienen un corte fascista, en el sentido de que los recibo como dictatoriales, mandones. Sus palabras me llegan como una sentencia. Ese fue creo el estilo de un tal Monseñor Builes en Antioquia. Un amigo me contaba historias de Monseñor Builes en Santa Rosa de Osos. La retórica de Fernando Londoño me hace viajar por el túnel del tiempo hacia el pasado de Colombia, y eso no lo soporto puesto que sus palabras me hacen sentir que la historia se repite.

Los editoriales de Fernando Londoño me parece además que discriminan, establecen una frontera entre buenos y malos ciudadanos, como si se tratara de buenos y de malos católicos. Para el ex ministro Londoño el mundo está sistemáticamente dividido en dos partes : obedientes y desobedientes, poseedores de la verdad verdadera como él y sus seguidores, y los mentirosos, que serian los que hoy gobiernan a Colombia, más los terroristas, los periodistas internacionales catalogados ipso facto de ideólogos de extrema izquierda, vaya usted a saber por qué, y las ONG comprometidas en defender a los malos del paseo, en un país en donde Fernando Londoño haría parte de los buenos del paseo. 

Los políticos en Colombia no deberían darse esos aires de grandeza puesto que sus resultados en todos los campos son decepcionantes por no decir nulos e inexistentes. 

Fernando Londoño debería utilizar su maestría de la palabra para educar. O hablar menos y trabajar más. Londoño debería además no mezclar el ejercicio de hombre político con el de periodista. Esas dos esferas no deberían tocarse jamás. 

Su deber es velar por el desarrollo de su región, aunque haya llegado a ministro sin antes haber recibido el mandato del pueblo a través del sufragio universal. Más útil que su “Hora de la verdad” sería si sus coterráneos pudieran decir “el Doctor hizo construir este puente, esta universidad, este hospital, trajo vías, ayudó a la creación de empresas, subvencionó el arte, la cultura, el deporte, incorporó nuevas tecnologías en escuelas y colegios, abrió espacios para los ancianos… ”

No será por la calidad de sus editoriales que el pueblo lo recordará. Esa tarea le queda a los historiadores, que en materia de retórica política tienen aún mucho trabajo con los extensos editoriales que dejó Laureano Gómez por ejemplo.

El fascismo aparece cuando los hombres políticos empiezan a mandar y a desmandar desde una cúspide, monopolizando la palabra, afirmando un pensamiento único, en detrimento de la democracia, utilizando para ello el poder de los medios de comunicación como instrumentos para dominar a las masas como explicaba mi profesor de Teoría de la comunicación ; el dominio que amaba Mussolini, hacer creer a receptores pasivos y adormecidos que quien les habla es el buen pastor que está llevando el rebaño hacia colinas protegidas, cuando en realidad es al matadero adonde lo conduce. 

Aclaro, no soy terrorista, que no se me catalogue como tal por el hecho de oponerme a este monopolio de la palabra. Al no deber nada como ciudadana a los que ejercen o ejercieron altas funciones en el Estado, tengo el derecho de exigirles que expliquen a sus oyentes que toda verdad es relativa pero que la moral no lo es. Y la moral nos dice que el hombre debe obrar por la paz en toda circunstancia.

 

A bientôt

MH Escalante

Por: Francaditalia

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Comentarios

osgir

osgir

8 Julio de 2012
11:20 am

EL fascio, como todos las expresiones italianas dio origen a tipos como MUSSOLINI. Mucha carne y poca sustancia.

Es decir: hay hombres que se parecen a las palabras y hay palabras que se parecen a los hombres.

Eludo la erudición publicitada, porque tiene cierta apariencia a bizcocho de pueblo: mucha crema, pero la masa generalmente sale contaminada, incluida la masa que la consume.

Matayetos matayetotes kai panta matayetos, frase que utilizaba en la Federación de Cafeteros para hace callar a los grecocaldenses que acabaron con ella.

VANIDAD DE VANIDADES Y TODO VANIDAD.