

Ahora es fácil ir a las pirámides de Giza, alucinarse en ellas, perderse en el delirio del tiempo y hacer, incluso, algún truco fotográfico para hacernos ver de otra manera.
Pero los antiguoas faraones no tuvieron otro remedio que acudir a la inmensidad, a la dureza de las piedras, al trabajo de años y años, incluso a las penurias para materializar su pensamiento sobre la vida y la muerte, el infinito y lo finito.
Ese es el sobrecogimiento que uno siente cuando se para frente a las pirámides. En su seno aun guardan el espíritu del origen de las filosofías terrenales, y en su exterior, la inmensidad del pensamiento se hace materia viva, piedra pensativa, descomunal acción humana.
Aun así, los cientos de estudiosos no han podido descifrar sus enigmas más hondos. Guardan ellas sus secretos y sus fantasmas, sus predicciones y sus cultos a quien sabe qué dioses o demonios.
La grandeza del pensamiento occidental iniciá aquí, cons sus religiones, sus filosofías, sus astrologías, y enrumba al hombre y a la mujer a una forma de vivir y de morir, de comportarse y soñar que nada tiene que ver con las filosofías o religioens de oriente, tan milenaras como las egipcias.
Filosofar con pirámides, castillos, esfinges, diosas o vampiros, una de sus formas de escritura, es, por decir lo menos, un milagro de la humanidad en todas sus reglas.


Comentarios
numeroinverosimil
4 Julio de 2010
6:44 pm
D. Arturo:
Estupendo aporte sus cronicas de viaje, sus comentarios y muy lograda la foto. No conozco Egipto, ni ningún otro país del norte de Africa, pero me ha gustado viajar a ellos bajo su guia.
Un cordial saludo