

A veces no sé si es mejor soñar que ir a cine. A veces no sé si es mejor vivir que asistir a una película. A veces sé que introducirme en una sala oscura y convertirme, por algo más de dos horas, en un personaje ficticio me hace vivir, me hace ser un personaje irreal, ser un héroe fantástico o de otra manera en un ser tan real, que sufre, goza o vive de manera tan intensa que un mortal como yo no podría hacerlo.
Aunque las estrechas salas de hoy en día, hacen que las pantallas se vean a veces demasiado grandes y las miradas deban girar hacia el techo, la magia del cine sigue siendo única. Ahora al sonido que llena la sala, a la calidad del color y nitidez, se le suma el 3D y el IMax.
No hay teatro en casa que compita con la tecnología y la magia de la sala oscura, con la obligación de permanecer quieto y en silencio, mientras sucede esa historia mágica, ese sueño con ojos abiertos.
Y así como en la vida, o así más allá de la vida cotidiana, el cine nos permite vivir vidas imposibles, historias que añoramos, sucesos lejos de nuestro día a día. Y, como en la vida, hay toda clase de sucesos, desde algunos tan simples como Sex and the city, donde las protagonistas de la serie de televisión terminan viviendo sus dudas existenciales en los Emiratos Árabes. Nada de cine arte, tan solo una historia ligera, completamente superficial.
Y como en una lámpara mágica, ocho días después, la pantalla vuelve a iluminarse. Esta vez es una historia policíaca, argentina y romántica. Ganadora del Oscar a mejor película extranjera: El secreto de sus ojos. Tú también, una cinta española, sencilla, pero de una inmensa humanidad, que permite adentrarse en el mundo de un joven con síndrome de Down.
Y así, mientras la rutina del trabajo diario, apenas nos saca de los trancones, nos lleva a repetir las mismas jornadas; ese esperado, ansiado cine de fin de semana nos sirve como un elixir para transportarnos a mágicos mundos. Los diferentes planos, abiertos y cerrados, a manera de una hipnosis, de una catarsis, nos llevan a mundos tan reales, que soñando despiertos, recrean historias que en unos casos quisiéramos vivir o en otros casos agradecemos no haberlo tenido que hacer.
La tradición de asistir a una sala oscura y “compartir” con unos desconocidos dos horas de una de las mayores magias del mundo moderno, no ha sido desplazada por las actuales tecnologías informáticas. (Léase Hometheater, MP4, portátil, LCD) Y creo y espero que nunca sucederá. Un pequeño y profundo homenaje al que no en vano ha sido llamado el séptimo arte.
Y una invitación que a través de las páginas de “soy periodista” discutamos y valoremos la experiencia de recorrer las cintas y los cuadros de ese maravilloso y mágico mundo conocido como el cine.


Comentarios
RafaelHerreraSab
1 Julio de 2010
5:56 pm
El tipo de cine que encuentras hoy en día en los cinemas de centros comerciales, deja mucho que desear. Apoyo el planteamiento de "numeroinverosimil", cada vez leo más y veo menos cine.
Salu2!
numeroinverosimil
23 Junio de 2010
10:04 pm
Sige siendo un mundo mágico, me gusta sumergirme en experiencias que me son próximas o ajenas por completo, pero cada vez es mas dificil encontrar buen cine, muchos pretenden sustituir la creatividad y la imaginacion con el peso del dinero y las caras bonitas.
Sigo apreciando el buen cine, las buenas historias, pero cada vez leo más y veo menos cine.
Un cordial saludo
moderador
23 Junio de 2010
6:09 pm
Muchas gracias por el nuevo aporte a Soyperiodista.