

Elizabeth se enamoró de Wilson, un comandante de escuadra de la insurgencia armada que operaba en el sur del Departamento del Cauca, en Colombia. Wilson también estaba enamorado de ella, pero de otro modo. Se había alistado en las filas revolucionarias hacía cinco años con la certeza de aportar al origen de un puevo país. Elizabeth tenía 16 años cumplidos y unos ojos de gata obstinada. Así que le dio un ultimátum a su amado guerrero: te quedas conmigo o me llevas contigo, le dijo. Ninguna de las dos cosas. La historia, según lo pregonaba Wilson, le había asignado otra misión. Ella se encolerizó, y en un descuido, mientras él naufragaba en sus besos de luz, le sacó su revólver de dotación del cinto, abrió la boca y se pegó un tiro en el paladar.
Informes de guerra del gobierno, a través de los medios, y con la colaboración de sus periodistas a sueldo, orquestó la versión de que la niña se suicidó por el acoso a que había sido sometido el pueblo por parte del ejército rebelde. La periodista Mariela San Pedro, que sabía que el suicidio era por amor y no por hartazgo, se lo comunicó a su jefe de redacción y al mismo director, y le creyeron, pero la despidieron. No podían contradecir al presidente y al ministro de la defensa que ya habían ido a darle las condolencias a la familia de la fallecida y certificar en el lugar de los hechos que los rebeldes tarde o temprano llevarían al suicidio colectivo a todos sus habitantes.
@arturopradolima


Comentarios
ARTURO PRADO LIMA
24 Febrero de 2013
7:34 am
Gracias por sus comentarios.
jogafi
1 Febrero de 2013
11:19 am
Excelente Arturo...
Por el verdadero amor, muchos cometen cualquier locura, lamentablemente medios y gobierno es ese "maridasgo" celestino, todo lo convierten en falsas noticias, falsos acosos y desde luego falsos positivos !!!
Saludo cordial
osgir
1 Febrero de 2013
6:21 am
El amor sensual, de por si, es un AMOROSO SUICIDIO.