

Con estas palabras el vicepresidente Angelino Garzón increpa a las Farc por el asesinato a sangre fría de un bebé que estaba naciendo, de la partera que atendía a su mamá, de dos policiales y las heridas causadas a los habitantes de otra humilde vivienda en La Montañita, Caquetá, entre ellos otros dos niños de 7 y 8 años de edad.
Los autores del bárbaro ataque contra una patrulla que prestaba atención humanitaria a la parturienta, son miembros del frente 15 de las Farc, escondidos en otra vivienda campesina; son los mismos criminales que la semana pasada celebraban la liberación del periodista francés René Langlois, quien señalaba que los bandidos estaban ‘mamaos de la guerra’.
Ésta si es la faceta que el francés debe dar a conocer, seguramente no asan a los niños como él dijo, pero no tienen pudor para asesinarlos o herirlos gravemente para alcanzar sus objetivos, en este caso atacar el vehículo policial. En La Montañita, cuyo casco urbano no sobrepasa los 1.500 habitantes, no hay taxis ni ambulancias y los uniformados se fueron en la camioneta doble cabina de la estación de Policía hacia la casa de la mujer en trabajo de parto, a quien la acompañaba una partera, a prestar un necesario servicio de atención en salud.
Las Farc no tienen justificación alguna para este demencial acto de terror; el vehículo policial pertenece a una fuerza civil (art. 218 de la Constitución), que se encontraba no en una misión de combate sino de ayuda humanitaria a personal civil, la atención de una madre en proceso de parto. A la luz del derecho internacional este es sin duda un crimen de lesa humanidad que no puede ser objeto de impunidad, ni siquiera con la excusa de un acuerdo de paz.
No es un acto de degradación del conflicto, como dice a manera de excusa el señor Carlos Lozano, director del periódico comunista Voz, sino de depravación de las Farc; esa fue la verdadera respuesta de la organización narcoguerrillera a los afanes pacifistas del actual gobierno y del Congreso que a cambio de crímenes de lesa humanidad ofrece penas de 8 años en el peor de los casos y de vocería política en el Congreso a sus autores.
Es imposible, desde cualquier perspectiva, que una organización delincuencial que se encuentra debilitada y puede ser combatida con éxito si se mantiene la voluntad política, el respaldo popular y la ofensiva militar, sea alentada políticamente por el mismo Estado, a tratar de mostrar algún grado de fortaleza por un afán mediático de pasar a la historia como quien hizo ‘la paz con las Farc’ y no como quién consolidó su derrota.
El gobierno presa de esa idiotez política debe al fin entender que de un marco para la paz sólo puede hablarse cuando las narcoguerrillas den muestras de quererla; la semana pasada los voceros del frente 15 de las Farc se burlaban diciendo que si el presidente tenía la llave, ellos tenían el cerrojo y actos como el acaecido en La Montañita, demuestran que no tienen ninguna voluntad de permitir que este se abra y la razón es una sola: Priman sus intereses narcotraficantes y criminales.
La sociedad colombiana no puede seguir sumida en el letargo que la inmoviliza para reaccionar contra crímenes como el cometido en La Montañita; estas acciones salvajes deben movilizarla a rechazar cualquier perdón, cualquier olvido, cualquier gesto de conciliación con los autores de tan execrables delitos. Que las Farc y Eln entiendan de una vez por todas que mediante el terror no podrán doblegar al pueblo colombiano y que sus representantes políticos deben actuar en consonancia con ese sentir popular.


Comentarios
luisalejandrodiaz
6 Junio de 2012
4:02 pm
El desgaste de las fuerzas vivas y del gobierno, dejan que pase estas convulsiones retrógradas de la maldad