

El tema de las drogas es extremadamente complejo. Difícilmente hay una persona que no conozca a alguien que consuma o haya consumido drogas alucinógenas. De esos consumidores, la mayoría pasan “de agache”, son lo que se conoce como consumidores “sociales” que usan ocasionalmente estas sustancias pero llevan una vida “normal”. De otro lado, están los adictos, aquellos que tienen una dependencia total por estas sustancias y que ponen su vida a girar en torno a la obtención y consumo de ellas. Estos últimos son los más evidentes y son los que nadie quiere tener en su casa.
Yo tengo dos hijos casi adolescentes. Etapa difícil. Yo como usted, amigo lector, definitivamente no quiero que mis hijos consuman drogas. Por ello no dejo de preguntarme cuál es el método más efectivo para que mis bebes no se vean esclavizados por esas malditas drogas adictivas. Teniendo en cuenta además que soy político y periodista y trato de influir en las decisiones que se toman y en la opinión pública.
Desde 1971, en el gobierno de Richard Nixon, los Estados Unidos lanzaron la guerra contra las drogas y la verdad el negocio de las drogas sigue intacto. Esa lucha ha sido un completo fracaso, esa batalla se perdió. El negocio es demasiado atractivo por lo lucrativo.
La pregunta es: ¿la lucha contra el narcotráfico es el camino para que mis hijos no consuman drogas? La respuesta es que no. No podemos decirnos mentiras: ninguna lucha contra el narcotráfico evita que ese consumidor social o el adicto adquieran la droga. Es decir, hoy las sustancias alucinógenas están al alcance del que las quiera conseguir a pesar de la “lucha” en contra del narcotráfico. Por tanto, no es a través de la persecución que evitaré que mis dos hijos lleguen a tener contacto con esas sustancias.
¿Qué otro camino buscar? No queda sino el que yo ya recorrí. Nuestra generación, como los jóvenes de hoy, tuvimos acceso a toda clase de drogas. De los que decidieron probar unos pocos se volvieron adictos y hoy andan por ahí en la calle o dando tumbos en la vida para conseguir estas sustancias; otros, superaron la euforia de esos momentos y hoy son profesionales o gente que no consume o son consumidores “sociales” y ocasionales. Un ejemplo de estos son Juan Manuel Santos, Gustavo Petro y Antanas Mockus, que se fumaron su marihuana u otras “cositas”, como han reconocido, y ahora son políticos prestantes. Barack Obama, Presidente de los Estados Unidos y que lidera la guerra contra el narcotráfico reconoció que fumó marihuana en su época de estudiante universitario y mientras vivía en Nueva york donde conseguir drogas es más fácil que en Apartadó.
Hubo un grupo importante, la mayoría, que decidimos ni siquiera probar. El amor propio que nos inculcaron en la casa y el respeto por nosotros mismos, nos llevó a ni siquiera intentar consumir estas sustancias. Pero fue una decisión que autónoma que tomamos, no por falta de acceso sino porque aun así no nos dio la gana y punto. En mi decisión no tuvo nada que ver la lucha contra el narcotráfico ni nada, fue mi voluntad y mi forma de ser que me llevaron a la conclusión de que no necesitaba esos “estímulos”.
Que se necesita? Que nuestros hijos sepan tomar las mejores decisiones para ellos. No será prohibiéndoles y castigándolos como evitaremos que se dejen llevar por las tentaciones. Son los valores, el amor y respeto propio los que impedirán que mis hijos y los suyos caigan en las nefastas garras de las drogas, de la adicción al juego y al alcohol; estas últimas, iguales o peores que la anterior. Vale la pena recordar que al año en el mundo se presentan alrededor de 2.5 millones de muertes relacionadas con el alcohol y las muertes relacionas con las drogas es infinitamente menor.
A propósito, en esta absurda guerra contra las drogas, los únicos beneficiados son los narcotraficantes y los Estados Unidos que se quedan con el negocio y la plata. Esto es para no creerlo. Colombia extradita a los narcotraficantes y los Estados Unidos negocia con ellos para que les entreguen plata y luego ellos nos “regresan” una pequeñísima parte a través de “ayudas” como el Plan Colombia y si no hacemos lo que ellos quieran nos “descertifican” y nos afectan comercialmente. Y con los carteles de los Estados Unidos no pasa nada, siguen intactos mientras que México y Colombia ponen los muertos.
Y si Colombia decidiera “negociar” con nuestros propios narcotraficantes, los mojigatos de aquí, algunos de los cuales se fumaron su marihuanita, saldrán a decir que eso va en contra de la moral. A mi me da risa que el gobierno de Uribe Vélez haya insistido en penalizar la dosis personal de drogas, dándoles “tratamiento” médico obligatorio a los consumidores. Bueno, si es una enfermedad, usted decide si se quiere curar o no y si es un delito, entonces la solución no es tratamiento sino cárcel y en las cárceles si que venden marihuana y toda clase de sustancias. El tratamiento médico obligatorio es un sin sentido dada la realidad del sistema de salud colombiano, dónde y con qué plata se surtirán esos tratamientos? Uribe Vélez debería pasarse por el Parque de los Periodistas en Medellín, para que vea esa manada de enfermos, delante de todo el mundo inyectándose y consumiendo sus drogas en presencia muchas veces de la Policía.
Nosotros tan “duros” aquí, mientras en California en Estados Unidos, el 44% votó en el 2010 la legalización del comercio de marihuana y a finales de este año seguramente van a citar a un nuevo referendo para aprobarlo. Da rabia, no? y nosotros acá poniendo los muertos. Santos, consciente del problema ha planteado que hay que empezar a hablar de legalización. Ojalá Obama, antiguo marihuanero como Santos, enfrenten el problema de otra manera diferente a esta maldita “guerra” que la perdimos ya en las escuelas y en las calles.

